Para que las familias funcionen y sus miembros se desarrollen adecuadamente, es esencial realizar diversas actividades domésticas y de cuidado, como limpiar, cocinar, lavar y planchar la ropa, y cuidar a niños, adultos mayores y enfermos. En muchos hogares, estas tareas son realizadas por trabajadores remunerados. En Honduras, este trabajo es predominantemente realizado por mujeres, reflejando una división sexual del trabajo que asigna ciertas tareas y ocupaciones según el género. En América Latina, más del 90% de las personas que realizan trabajo doméstico remunerado son mujeres, según datos de la OIT.
El trabajo del hogar remunerado es subvalorado, invisible y estigmatizado, a pesar de su importancia para satisfacer las necesidades domésticas y de cuidado. Las trabajadoras domésticas a menudo enfrentan vulnerabilidad y discriminación, trabajando sin derechos laborales ni seguridad social, en horarios extendidos y con bajos salarios. Estas condiciones les impiden realizar actividades personales, como continuar sus estudios, y no cuentan con contratos ni posibilidad de ahorro.